SALUD OSEA

Llega la menopausia y con ella muchos cambios. Algunos son agradables: ya no tenemos las habituales incomodidades y molestias que conlleva la menstruación y nos hemos liberado, por fin, de estar pendientes de los anticonceptivos.
Pero todo tiene su precio y ahora empezamos con otros problemas relacionados con la disminución de nuestros niveles hormonales: sofocos, jaquecas, insomnio, acumulación de grasa en zonas donde antes no teníamos, etc. Son molestias que menoscaban nuestra calidad de vida, pero que hasta no hace mucho se minimizaban por no comportar graves riesgos.
Sin embargo, entre estos problemas, no se tenía en cuenta uno de gran trascendencia: la aceleración de la pérdida de colágeno y sus devastadores efectos sobre nuestra salud, bienestar y aspecto físico.

Seguramente os preguntareis ¿Por qué es tan importante la pérdida de colágeno? La respuesta es sencilla, aunque durante muchos años no se ha tenido presente. El colágeno es la proteína más abundante y más extendida en nuestro cuerpo, donde tiene una misión esencial: formar el entramado que conforma y aporta resistencia y flexibilidad a muchos tejidos orgánicos, especialmente los de los huesos, todos los que forman la articulación (cartílago, ligamentos y tendones), así como la piel y el tejido conectivo que recubre, sostiene y protege todos nuestros órganos internos.

A partir de los 25 – 30 años, las células que elaboran nuestro colágeno empiezan a ralentizar su capacidad de producirlo y, gradualmente, sin que seamos conscientes de ello, lo vamos perdiendo. Pero este proceso se acelera bruscamente con la disminución de los niveles de estrógenos propios de la menopausia y, de golpe, nos aparecen sus consecuencias más visibles: dolor articular, descalcificación ósea y envejecimiento de la piel.

  • Dolor articular

El cartílago es el tejido que recubre los huesos de la articulación para evitar que rocen entre sí. Este tejido debe su forma, resistencia y grosor a su “esqueleto” interno de colágeno. Cuando el cartílago va perdiendo colágeno, pierde también grosor y resistencia, y los huesos de la articulación empiezan a chocar entre sí, provocando dolor.Este proceso, que es el origen de la artrosis, afecta no solo a las mujeres desde la premenopausia, sino también a los deportistas de cualquier edad y a los hombres a partir de los 55 – 60 años.

  • Descalcificación ósea

Cuando nacemos, la estructura del hueso está formada únicamente por una matriz de colágeno, que los hace muy resistente y flexible. La leche materna y los alimentos ricos en calcio que tomamos en la infancia van calcificando nuestros huesos, endureciéndolos. Cuando llegamos a la madurez nuestros huesos empiezan a perder colágeno, pérdida que se acelera fuertemente al llegar a la premenopausia. Entonces la matriz de colágeno ya ha perdido densidad y grosor, con lo cual el calcio adherido también se va perdiendo. Esta pérdida va avanzando durante el resto de nuestra vida y, por mucho colágeno que tomemos en la dieta, los huesos se irán descalcificando porque no tienen un entramado de colágeno donde fijarse.

  • Arrugas y flacidez dérmica

La piel debe su tersura y flexibilidad a su estructura interna de colágeno. Cuando este colágeno se va perdiendo, la piel también pierde grosor y tersura, lo que origina la flacidez y remarca las arrugas, proceso que seguirá avanzando, por muchas cremas de belleza que usemos.

¿Qué podemos hacer para retener nuestro colágeno?

La buena noticia es que ahora disponemos de una ayuda natural, sencilla y eficaz para retener nuestro colágeno: Tomar diariamente 10 gramos de un colágeno muy asimilable: Colágeno hidrolizado.

Rigurosos estudios científicos, prueban que tomar diariamente 10 gramos de colágeno hidrolizado (predigerido y, por tanto, muy asimilable) regenera nuestros tejidos colaginosos (aquellos cuya estructura está formada por colágeno), ayudando a reducir el dolor articular de desgaste y las arrugas dérmicas, así como a ralentizar la descalcificación ósea.

Estos beneficios se perciben en un plazo relativamente corto (de 1 a 3 meses para el dolor articular) debido a la falta de colágeno asimilable en la alimentación actual y a que este nutriente es el único que proporciona directamente a nuestras células los elementos necesarios para que ellas puedan elaborar nuestro propio colágeno con el mínimo gasto de tiempo y energía.

  1. Teresa Figueres 
    Licenciada en Biología
    www.colnatur.com Fuente: ellasyelabanico.